Nos venían siguiendo, lo noté hace rato pero no quería abrir la boca para no alertarlo y ponerlo nervioso. Sólo podía rezar para que el auto fuera lo suficientemente rápido.
Otro auto se unió a la persecución y esta vez Asher, sí lo notó, miraba constantemente por el espejo retrovisor y lanzaba una groserías cada vez que intentaba perderlos pero volvían a encontrarnos.
—¿Te sabes otra ruta?—me miró rápido.
—Hay una por la colina—intenté buscarlo en gps—Pero esa carretera está cerrada, le están