—¡Su majestad!—escuché que alguien susurraba fuera de las celdas pero no podía ver bien en la oscuridad—Su majestad soy yo, Margaret.
—¡Oh por dios Margaret!—me acerqué a los barrotes—¿Estás bien?.
—Sí, sí no se preocupe, vengo sacarla de aquí—sacó una llave del bolsillo de su vestido—Rayos no veo nada—masculló mientra intentaba meter la llave en el cerrojo.
—¿Cómo supiste que estábamos aquí?
—Encerraron a todos los empleados en la cocina cuando Nikita escuchó a la señora Helena hablando con el