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No había luz natural, lo que me impedía tener una idea del tiempo que llevaba allí. Sentía frío, sed, hambre, sueño, pero aquello no superaba mi temor. Estaba demasiado preocupada por nuestra captura, por la desaparición de John. Una sensación de terror me apuñalaba el estómago al imaginar lo que pudieran estarle haciendo en ese momento, las cosas que podrían hacerme. Sabía que vendría una tortura insoportable. Mis pensamientos giraban vertiginosamente: la tortura, el dolor, John, el lavado de cerebro, la figura de mis sueños.

Entre el ruido y la angustia, nadie se atrevía a hablar entre sí, parecían tener un miedo atroz a comunicarse, aun así podía oír palabras murmuradas precipitadamente sobre la regla número cuatro. No puedes develar ningún tipo de información sobre las actividades del culto secreto, insis

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