Emilia se desplomó aterrorizada en el suelo.
Aún insatisfecho, Benjamín intentó golpearla de nuevo. Emilia, angustiada, huyó por donde pudo, y en poco tiempo la sala se convirtió en un desastre.
Gloria estaba tan asustada que se encogió en una esquina, sin atreverse a mover.
Benjamín se acercó lentamente a Gloria, como un terrible demonio.
Con ternura, acarició el pecho de Gloria: —Lo que debería estar latiendo aquí es el corazón de mi hija.
—Emilia, después de todos estos años manipulándome, de