Mateo bajó la mirada para verme. Era una mirada incrédula, en medio de todos los halagos que el montón de lambones le decían.
Apoyándome en el suelo con una mano, aguanté el dolor y lentamente me levanté, con una sonrisa.
Viendo que la situación estaba a punto de salirse de control, la directora del Jardín Estrellitas se acercó, molesta y me intentó convencer:
—Selena, ya no sigas haciendo esto, pide disculpas de inmediato al señor Mateo y a su esposa. No puedes contra ellos.
Con un gesto, le di