Mateo se pasó las manos por la cara y sonrió. Con una expresión amenazante, me miró fijamente y dijo:
—¿En serio crees acaso que ya ganaste?
—¿Y qué? Ahora estamos casados, y aunque nos divorciemos, puedo llevarme la mitad de tus bienes. Además…
—Durante el tiempo en que estabas embarazada y cuidando de Lilia, ya he controlado completamente el departamento de negocios de la empresa. Puedo fundar mi propia compañía en cualquier momento.
Yo también sonreí.
Si no fuera por mi consentimiento, ¿de dó