Desde aquel día, Lilia comenzó a recuperarse poco a poco, mientras yo llevaba ante la justicia a todos los responsables de haberla lastimado.
Le dije a Lilia:
—Cariño, mamá te protegerá y se encargará de hacer justicia.
La pequeña, aunque no entendía del todo, se acurrucó en mis brazos y repetía una y otra vez:
—¡Mamá, mamá, mamá!
Los padres de los niños involucrados llegaron a la puerta de mi casa a rogar desesperados, no querían pagar las indemnizaciones tan caras que pedían los abogados.
Algu