Capítulo 8. Inicia la batalla por la mansión.
—Esto va a ser un desastre —murmuró Sofía mientras estaba en su habitación.
Sacó su maleta y comenzó a llenarla con precisión. Cada prenda doblada a la perfección. Sus ojos miel se detuvieron en el peluche en la esquina. Lo tomó con cuidado.
—Mi osito bandido —, susurró, abrazándolo con una sonrisa.
Recordó cuando su padrastro se lo regaló al cumplir sus diez años, antes de casarse con su madre, y desde ese momento se había convertido en su inseparable compañero, aun de adulta dormía con él.
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