Lukas se detuvo un momento para admirar la belleza de Sofía, tendida sobre la cama con el cabello húmedo esparcido sobre la almohada. Su piel brillaba con las gotas de agua que aún no se habían secado, y sus ojos estaban oscurecidos por el deseo.
—Eres tan hermosa —, susurró él, inclinándose para besarla suavemente.
Sofía sintió que su corazón se aceleraba ante la ternura en la voz de Lukas. Levantó una mano para acariciar su mejilla, perdiéndose en la intensidad de su mirada.
—Te amo, Lukas —