Capítulo 29. Celos irracionales.
En la habitación, Sofía, a pesar de su achispamiento, se le ocurrió una idea.
—Armando, necesito que hagas algo por mí ¿Lo harías? —preguntó maliciosa.
—Lo que tú me pidas mujer, sabes que estoy para complacerte —respondió Armando sin dejar de observarla, mientras ella sonreía con una expresión divertida.
Entretanto, fuera de la habitación, el corazón de Lukas era un frenético tamborileo contra sus costillas, el ardor de los celos chamuscando todo pensamiento racional. Su oído, pegado a la fría