Capítulo 30. La caída del orgulloso.
En el momento en que la puerta se cerró tras Armando, Lukas sintió que su corazón se aceleraba. Era su oportunidad. Con determinación en sus ojos azules, tomó el teléfono y marcó un número.
—Necesito dos caballos. Los mejores que tengas —, ordenó sin titubear. —Uno negro como la noche y una yegua blanca resplandeciente.
Pidió alimentos, las sillas, y todo lo que necesitaba para su cuidado. Allí había unos establos, los cuales se puso a limpiar para recibir los ejemplares.
Ese mismo día, en hor