La primera persona que me recibió tan pronto entré a la clínica fue la madre de Cloe. Su mirada me dejó en claro lo mucho que verme allí le desagradaba, pero eso era lo menos que me importaba. Me sentía incomodo e inquieto con el hecho de estar allí, pero más que eso, que hace poco tiempo me había enterado de la existencia de mi hijo y no tenía la menor idea de cómo actuar.
No sabía qué hacer o qué decir, y en mi corazón había una sensación extraña que no podía distinguir. Por más que me dijera