—¿Cómo es posible que no haya nada? — gruñí una vez más, caminando de un lado a otro.
—Joder, quédate quieto que ya me tienes harto, Mike — se quejó tío, resoplando con fuerza—. Alguien debe estar encubriéndola, ya no me caben dudas.
—Pero ¿quién?
—Alguien con todo el poder para hacerlo — volvió a resoplar—. Un bastardo con la suficiente inteligencia para jugar con el que le dé la gana. ¡Maldito entrometido hijo de puta!
Lo vi realizar una llamada y discutir acaloradamente por varios minutos, a