—¿Hay algún motivo importante para cenar?
—No, pero lo mereces y me hace feliz cocinar para ti y regalarte tus flores favoritas de vez en cuando, beber un vino mientras hablamos de nuestros planes a futuro y luego nos amamos hasta caer rendidos en la cama — esbozó una sonrisa ladeada, extiendo una de las copas que contenía vino hacía mí—. ¿Estás sedienta, mi diosa?
La intensidad en su mirada me abrumó e hizo calentar mi piel de deseos y ansias. No tenía por qué sentirme insegura de nada, al fin