Me desahogué como nunca lo había hecho, confesándole a mi padre muchas cosas de las cuales me atormentaban y me hacían sentir muy mal, pero que también me hacían feliz, porque fuera de mis inseguridades, miedos e ideas locas en la cabeza, he sido muy feliz junto al amor de mi vida.
Mi padre me escuchó atento, frunciendo el ceño, apretando los dientes, pasándose las manos por su cabello en un acto de frustración y enojo y finalmente, tras dejar un fuerte golpe en la mesa que me asustó en demasía