—¿Segura?
—¿Dudas de nuestro amor? — quedé frente a él, con las manos en mi cintura.
—Jamás — puso sus manos en mis caderas y me haló hacia sí, sentándome en su regazo—. Solo que otros harán lo imposible para separarnos.
—¿Y lo vas a permitir? ¿Vas a permitir que nos separen? Pensé que la insegura era yo.
—No, primero tendrán que matarme para que puedan separarme de ti — descansó su frente en la mía y acarició mi mejilla con suavidad—. Y aun estando muerto no dejaré de amarte nunca.
—Entonces n