Me peleé en los cuartos de final. Me volví a enfrentar a la alemana que me había insultado en París, Helga Sparwaser, y nuevamente me atacó. Su español había mejorado, además. -Ahora sí te ganaré, perra-, me disparó de frente cuando la saludé. Chirrié mis dientes.
Ella, al parecer, me estudió mucho, sabía de mis puntos flacos y había mejorado mucho en su juego, sobre todo en el saque que hacía en forma muy potente. También en el smash. Así, sacó ventaja en el primer set, incluso se puso adela