Me apuraba en guardar mi ropa, las compras que había hecho para regalar a mis amigos e hice un bonito paquetito para los chocolates que le daría a Marcial, cuando alguien tocó la puerta. Pensé que era una mucama y abrí y me estrellé con unos ojos celestes muy lindos, la carita dulce, los pelos largos y la sonrisa ensanchada, como un chasquido del mar. Me miraba divertida, con sus manitos atrás, los pies juntitos y su busto alzado como una cordillera.
-¿Puedo pasar?-, me preguntó Gina Ferreti e