Estaba súper relajada, muy tranquila, y distendida. Me quedé sentada en las mayólicas pensativa saboreando aún el sueño tan delicioso que había tenido junto a Marcial. El estadio estaba lleno, retumbaban los aplausos, habían estruendosos vítores y escuchaba que se repetía el nombre de Ruth Evand, entre hurras y cerradas ovaciones. Seguramente estaba ganando su partido. Luego volvieron a retumbar los aplausos.
-Ya vas a jugar, Katty-, me dijo Heather emocionada. Me ayudó a poner la visera, am