Había muchísimo público en las tribunas. Los partidos tanto en damas como en varones, se tornaban más encarnizados, electrizantes y de poder a poder. Mi rival era una chica veinteañera, muy rubia, tanto que sus pelos parecían pintados con crayolas. Rosmerie Hölzenbein era campeona juvenil, había ganado varios circuitos internacionales, muy hermosa, consentida de todos los medios de comunicación, modelo de pasarela, además, y el rostro de muchísimos cosméticos que se peleaban por tenerla en sus