Marcial nos esperaba a la entrada de los vestidores. Me despojé del buzo tranquila. Hice los estiramientos que me ordenó Maggi e hice numerosos ejercicios físicos. Gina estaba sobre las mayólicas mirando por la ventana. -Hay como treinta mil personas en las tribunas-, estaba ella admirada.
Afuera los aficionados cantaban, gritaban, vivaban el nombre de Ruth Evand, atronaban las vuvuzelas, repicaban los tambores y todo era una gran fiesta. Una imagen enorme de Evand se paseaba por las gradería