Yo lo había estudiado todo, como me había recomendado Ionna Koutoudxídou. El peso exacto de ella, de la pelota y de las raquetas, las distancias, la velocidad de los balonazos de Evand y la mía, la fuerza y los espacios, el tamaño de ella y el mío, los trancos, los saltos, todo estaba en mi cabeza, como una gran pantalla de fórmulas y resultados.
-Una bomba, me decía mi jefe de la unidad de desactivación de explosivos, es un arma letal, hecha para matar, el que la hizo o fabricó pensaba en es