Capítulo 118

La silbatina, entonces, se hizo colosal, multitudinaria y ya no fueron cáscaras sino frutas enteras las que cayeron a mi campo, atacándome. Las chicas alcanza pelotas debieron multiplicarse para limpiar mi campo.

Tuve un ligero acceso de tos al inicio del partido. Eso me dio más cólera e ínfulas, a la vez. -Maldita bala-, volví a rezongar fastidiada. Esos hincones y la tos siempre me recordaban mi tragedia. El juez principal pidió silencio y ordenó, ¡jueguen!

Mizuho Hamaguchi había estado t
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