La conferencia de prensa fue, una vez más, un intenso griterío, con muchos incidentes, empujones, alaridos y una avalancha de preguntas que se me hizo difícil responder. Me ametrallaban en todos los idiomas. A la oficina de prensa del Gran Slam, se le hizo imposible controlar el desorden y acallar la vocinglería. Nadie podía estar quieto y se arremolinaban en torno mío, disparándome sin darme respiro.
-Me gustan esas provocaciones, me hacen más fuerte-, dije refiriéndome a los ataques de Ruth