Abro mis ojos cansados, sintiendo los brazos de mi esposo abrazándome con fuerza. Yo sonrío sin siquiera poder abrir mis ojos. Sus labios empezaron a besar mi cuello, haciéndome reír sin poder pensarlo.
–¡Detente! –Le pedí mientras abría mis ojos, notando como mi bello esposo tenía el cabello todo revuelto. Mis manos se empiezan a pasar por su cabello, peinando a mi hombre de negocios. –¿Cómo amaneció mi esposo? –Le pregunté con orgullo.
–¿Puedes repetirlo una vez más? –Los dos nos empezamos a