3

Me escondí rápido entre el pasillo, pegándome más a la sombra de la pared para no escuchar de qué hablaban.

No quería que me descubrieran husmeando.

—¡Claire! —una voz chillona rompió el silencio a mi lado.

Di un salto, encontrándome con los ojos de mi mejor amiga, Chloe. Me tomó del brazo con fuerza, tirando de mí.

—¿Qué haces aquí parada? —me regañó Chloe en un susurro fuerte—. La clase de humanidad comenzó hace cinco minutos. Vamos, muévete.

Sacudí la cabeza, intentando alejar el Shock

—Sí, sí, vamos. Me entretuve—mentí, dejando que me llevara arrastrando de la mano hasta el salón.

Entramos al salón de conferencias intentando no hacer ruido y nos deslizamos en los asientos de la tercera fila.

El profesor ya estaba escribiendo en la pizarra.

Me senté, abriendo mi cuaderno con dedos torpes, pero mi mente seguía atrapada en el pasillo.

Maddox.

El hospital.

Mi padre.

Todo estaba conectado de la peor manera posible.

Diez minutos después, la puerta del salón se abrió de golpe.

El profesor detuvo la tiza en el aire, girándose con fastidio.

Maddox entró al aula, caminando con esa seguridad pesada que hacía que todas las chicas babearan al verlo.

—Señor Miller, ¿qué hace aquí? —preguntó el docente con severidad—. Si no me equivoco, usted es un alumno de último año. Esta es una clase avanzada de tercer año.

Maddox avanzó hasta el escritorio principal, se inclinó un poco y le dijo algo al profesor en voz baja, entregándole un papel .

El profesor leyó el documento, asintió con una expresión de resignación y guardó la hoja en su carpeta.

—Está bien —dijo el profesor, señalando las gradas—. Pase y tome asiento.

Maddox se dio la vuelta.

Su mirada barrió las filas de asientos hasta que se clavó directamente en mí.

Una sonrisa asomó en la comisura de sus labios.

Caminó por el pasillo central, subió los escalones y se sentó justo en el asiento de atrás de mí.

Podía sentir el calor de su presencia pegado a mi espalda. Me extrañé por completo, con los nervios de punta.

*¿Qué hace él aquí? ¿Por qué se sentó detrás de mí?*

Yo estaba en tercer año gracias al adelanto de materias por mi beca, pero él era de último año. No tenía ningún sentido que compartiéramos aula.

Intenté concentrarme en los apuntes, pero el arrastrar de su bolígrafo detrás de mi oreja me volvía loca.

La hora y media de clase fue una tortura de tensión silenciosa.

Cuando la campana finalmente sonó anunciando el final de la sesión, me apresuré a guardar mis cosas. Chloe se levantó primero, apuntando hacia la salida.

—Te espero afuera en los casilleros, voy al baño —me avisó Chloe, saliendo del salón junto con el resto de los estudiantes.

Me colgué la mochila al hombro y me dispuse a salir, pero antes de que pudiera dar dos pasos hacia el pasillo, un brazo fuerte se interpuso en mi camino.

Maddox se paró frente a mí, bloqueando la salida de la fila de asientos.

—¿Tú eres Claire, no? —preguntó, mirándome desde su altura con los ojos entrecerrados.

—Sí, lo soy. ¿Qué quieres? —respondí a la defensiva, cruzándome de brazos.

Maddox soltó una risa baja, dando un paso más hacia mi espacio personal.

—Vaya. ¿Así me hablas después de besarme en la cafetería? —se burló, divirtiéndose con mi reacción.

Mis mejillas se sonrojaron de inmediato, recordando el calor de sus labios sobre el mostrador. Me moví hacia un lado, intentando esquivarlo para irme.

—Déjame pasar, tengo prisa —le ordené.

Maddox estiró la mano de golpe, tomándome de la muñeca con firmeza pero sin hacerme daño.

—un Momento —dijo él, y su tono perdió toda la burla—. El profesor me dijo que eres la mejor de esta clase.

. —Sí, lo soy —respondí, sintiendo el calor de sus dedos cerrarse en mi muñeca—. ¿Y eso a ti qué te importa? Déjame ir.

—Me importa porque eres exactamente el tipo de chica que necesito —murmuró él, inclinándose tanto que su aliento rozó mi mejilla—.

Me resistí de nuevo, queriendo zafarme de su toque, pero él me detuvo otra vez, ejerciendo una leve presión en mi muñeca.

Estaba por decirme algo más, cuando la puerta del salón se abrió con violencia

—¡Maddox! —un grito agudo cortó el aire.

Madeline entró al aula pisando fuerte con sus botas altas.

Era la abeja reina del campus, la chica más popular de la universidad y la novia que todos conocían del capitán.

—¿Qué demonios hace esta zorra barata con mi novio? —chilló Madeline, señalándome con una uña acrílica.

Maddox soltó mi muñeca lentamente, pero no se movió de mi lado. Se giró hacia ella con una frialdad que me dejó helada.

—Tú y yo ya no somos novios, Madeline —soltó él, con voz cortante—. Terminamos anoche.

—¿Disculpa? —Madeline abrió la boca,—. No puedes hablar en serio.

Los miré a ambos, sintiendo que me metía en un terreno peligroso que no me correspondía.

—Ok, yo me voy —dije en voz alta,

No quería tener nada que ver con sus dramas de pareja millonaria.

Di un paso firme para alejarme, pero en eso que me moví, Maddox Me agarró del brazo con fuerza, me jaló hacia él y me empujó contra su cuerpo, golpeando mi pecho directamente contra el suyo.

Solté un jadeo por el impacto.

. Iba a empujarlo con todas mis fuerzas para soltarme, pero Maddox me apretó más contra su costado, mirando fijamente a Madeline.

—Ahora tengo otra novia —declaró Maddox, mirándola

Me quedé completamente helada. *¿Qué demonios está diciendo?* Mi cerebro entró en cortocircuito.

—¿Qué? —Madeline soltó un chillido de horror, retrocediendo un paso—. ¿Esta zorra es tu novia? ¡Pero si es una maldita becada que limpia mesas! ¿Te volviste loco?

—No me importa lo que tú digas, Madeline —replicó Maddox, —. Es mi novia. Y ahora Lárgate de aquí, a menos que nos quieras ver follar.

Maddox llevó una mano hacia atrás dando un fuerte azote en mi trasero que me hizo dar un salto.

Madeline se puso roja de la humillación.

Nos miró a ambos con odio puro, dio media vuelta golpeando sus tacones contra el suelo y salió furiosa del salón,

En cuanto el eco de la puerta desapareció y nos quedamos solos en el aula, la adrenalina me devolvió el movimiento.

Empujé a Maddox con ambas manos apoyadas en su pecho, obligándolo a retroceder dos pasos. Lo miré con los ojos de par en par, sintiendo cómo la rabia me subía por el cuello.

—¿Qué carajo acabas de hacer? —le grité, con la voz temblorosa por la indignación.

Maddox se limitó a soltar una risa burlona, acomodándose la chaqueta deportiva como si nada hubiera pasado.

—¿Qué? —dijo él, alzando una ceja —. ¿Solamente tú puedes usarme para darle celos a tu ex?

Me quedé inmóvil, procesando sus palabras.

—¿Eso es lo que estás haciendo? —le pregunté, estrechando los ojos—. ¿Me estás usando?

—Sí, eso es exactamente lo que estoy haciendo —respondió Maddox, dando un paso hacia mí

—Eres un cínico —le espeté, apretando las correas de mi mochila hasta que los nudillos se me pusieron blancos—. Te aprovechas de la situación para montar tu espectáculo.

Maddox dio otro paso al frente, acortando la distancia entre los dos. Su olor a menta me invadió los sentidos, recordándome la presión de sus labios sobre los míos en la cafetería.

—Te tengo un trato, Claire —soltó él, bajando la voz.

—¿Un trato? —pregunté, retrocediendo hasta que mi espalda chocó contra el borde de un asiento—. ¿Qué podría necesitar de mí un hombre como tú? Tienes dinero, popularidad y a la mitad del campus a tus pies.

—Necesito pasar todas mis materias obligatorias —admitió él, —. El decano me dejó claro que si no apruebo los exámenes de esta temporada, me suspenden del equipo de hockey. Y mi entrenador me dijo que tú eres la tutora oficial de la facultad.

Me reí, con todas mis fuerzas.

—Sí, hago tutorías —respondí, cruzándome de brazos—. Pero no creo poder lidiar con tus.. tus problemas

Comencé a recoger mis carpetas de la mesa, metiéndolas en la mochila con movimientos rápidos

—Te voy a pagar —intervino Maddox, plantándose justo delante de mí, bloqueándome el paso de nuevo—. Te pagaré el triple de lo que cobra cualquier tutor en esta universidad si me salvas el pellejo esta temporada.

Me detuve en seco. Lo miré de arriba abajo, deteniéndome en sus hombros anchos y en la seguridad implacable de sus ojos .

—¿Pagarme, Maddox? —le indinue, entornando los ojos—. Ni todo el dinero del mundo me hará soportar tu ego. No me interesa tu dinero —dije, dando un paso hacia el lateral para esquivarlo.

—Por favor,.. —insistió él, tomándome del brazo con suavidad pero con una firmeza que me impidió avanzar—. Sé que necesitas algo. Todos en este lugar necesitan algo.

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