Mundo ficciónIniciar sesiónMe solté de su agarre con un movimiento brusco, pero me quedé inmóvil en mi sitio.
Las palabras de Brian sobre mi pobreza y la maldita notificación del hospital resonaron en mi cabeza. 30 dias. Mi padre se estaba muriendo y el hombre que manejaba su destino era el tipo que acababa de ver en el pasillo. El padre de Maddox. —Mmm —emití, evaluando mis opciones en un segundo de desesperación—. Tengo entendido que tu papá es el dueño del Hospital Central, ¿verdad? Maddox parpadeó, sorprendido por el cambio de rumbo de la conversación. —Sí —respondió él, con cautela—. Lo es. ¿Qué tiene que ver eso con tus tutorías? —Necesito algo más que dinero, maddox —solté, dando un paso hacia él, invadiendo ahora su espacio personal—. Necesito que tú hables con él para que permita que mi papá siga manteniendo el tratamiento del hospital. Necesito que congeles esa deuda y asegures que pueda verlo en el hospital sin restricciones. Maddox se quedó completamente inmóvil. La distancia entre nuestros rostros era tan corta que podía sentir el calor de su respiración golpeando mis labios hinchados. —¿hablas en serio , Claire? —murmuró él, con la voz más grave—. Me estás pidiendo que intervenga en los negocios de mi padre por una simple tutoría? —Entonces el trato no sigue en pie —lo interrumpí, dándole la espalda—. Adios, Maddox Volkov. —Espera —insinuo—. Bien. Acepto el trato. Pero me parece injusto que por una tutoría me pidas algo tan grave como alterar las finanzas de la clínica de mi padre. Me giré lentamente, sosteniéndole la mirada con todo el orgullo que me quedaba. —Bueno, entonces no lo hagas —desafié—. Busca a alguien más que te salve la temporada. Maddox apretó la mandíbula. Pude ver la lucha interna, como si no estuviera acostumbrado a que una chica le pusiera condiciones tan duras Su mano de elevó hacia mi mejilla, rozando el lugar para echar mi mechón tars mi oreja. —Un momento —dijo él, bajando la cabeza hasta que su boca quedó a escasos centímetros de mi oído—. Creo que merezco tener otra cosa a cambio de este favor. El calor de su cuerpo me rodeó por completo, atrapándome contra el espaldar del asiento a mi lado. —¿Qué más quieres? —pregunté en un hilo de voz, negándome a mostrar debilidad. Maddox se apartó un milímetro, mirándome directamente a los ojos con una intensidad que me revolvió el estómago. — me gustaría que siguieras fingiendo eres mi novia delante de todo el campus. —soltó él, con una sonrisa cínica—Especialmente delante de Madeline y de la prensa deportiva Me quedé sin palabras durante unos segundos, parpadeando con incredulidad. —¿Quieres que sea tu novia falsa? —inquirí, con el corazón golpeándome las costillas—. ¿Para qué? Te la pasas follando a cada chica del campus! —Es que necesito esto, Claire —respondió él, perdiendo por un instante su fachada de superioridad—. Ambos lo necesitamos. Tú necesitas salvar a tu padre, y yo necesito que me dejen en paz. No pude evitar soltar una fuerte carcajadas. El gran Maddox Volkov necesitaba que lo dejarán en paz? En clase de mundo había despertado yo hoy? “Si este es un tonto juego para que Madeline me use como saco de boxeo déjame decir que …” No pude terminar de hablarme maddox intervino negando con la cabeza. —No.. no es solo por Madeline —confesó Maddox, cruzándose de brazos y mirando hacia la puerta del salón—. Mi padre quiere controlar cada aspecto de mi carrera. Trae a la prensa, me busca distracciones y esa zorra de mi madrastra no para de molestarme. Si ven que estoy saliendo con una estudiante brillante y de perfil bajo, me dejarán en paz con sus estúpidos compromisos sociales mientras aseguro mis notas. —No soy un juguete para tus espectáculos —le solté, sintiendo cómo el orgullo me escocía en el pecho—. Acabo de ver a mi novio de dos años metido en la cama de mi hermanastra hace menos de dos horas. Mi vida es un maldito desastre y tú quieres que me exponga ante la prensa del campus como tu nuevo trofeo? No tienes idea de lo que es la humillación. Maddox ni siquiera parpadeó. Dio un paso tan corto que su chaqueta rozó la mía, obligándome a inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada. —No me interesan tus sentimientos, Claire, ni el imbécil de tu ex —murmuró, —. Quiero tus notas para seguir jugando y tú quieres la vida de tu padre. El noviazgo falso es mi precio. Si tu orgullo vale más que el respirador de tu padre… date la vuelta y cruza esa puerta. —¿Así que soy tu única opción para seguir siendo capital del equipo de hockey ? —deduje, con una mueca. —Y yo soy el escudo que mantendrá vivo a tu padre —sentenció él, extendiendo la mano hacia mí—. ¿Tenemos un trato o no, preciosa? Me quedé mirándolo en silencio. sabía que las palabras se las lleva el viento, y las promesas de un atleta arrogante valían menos que nada. No iba a arriesgar la vida de mi padre por un simple pacto verbal. Me quité la mochila del hombro de un tirón, la abrí con brusquedad y saqué un cuaderno junto a un bolígrafo barato. Arranqué una hoja en blanco y la apoyé sobre una de las espaldares. —Las palabras no me sirven —le dije, redactando líneas rápidas con caligrafía firme—. Si quieres mis tutorías y mi presencia en tus malditos eventos, lo vas a firmar. Aquí y ahora. Maddox alzó una ceja, mirando el papel con una sonrisa divertida que no llegó a sus ojos. “Y también debes cumplir ciertas reglas…” “Cuáles?” “Primero.. El Hospital Central suspende de inmediato cualquier orden de desalojo contra Arthur Halang y congela la deuda. Regla número dos: Tutorías tres veces por semana. “¿Es todo?” Preguntó con burla. “No fingire ser tu novia mientras te follas a todo el campus.. tu… tu no puedes follar con nadie durante la temporada” dije intentando mantener el último gramo de dignidad. Maddox arqueo una ceja, y asintió. “Supongo que no será un problema para ti tampoco follar con ningún chico” se mofo Hice caso omiso a sus burlas “Regla número 4, está prohibido enamorarse” añadió el guiñándome un ojo “No será problema.” Dije con la misma arrogancia con la que él me había hablado. “Regla número 5. Si estamos en público y Brian o Madeline aparecen, actuamos. Nos tocamos, nos miramos y, si es necesario, nos besamos como en la cafetería. Pero no vuelvas a azotarme el culo!” Maddox soltó una risa burlona y llevó su mano a la frente en un gesto militar “Tenemos un trato” dije finalmente extendiendo mi mano. En cuanto mis dedos rozaron su palma, Maddox cerró el agarre con una fuerza imprevista. No me soltó. Tiró de mi brazo con brusquedad, arrastrándome un centímetro más cerca, rompiendo de nuevo mi espacio personal hasta que su pecho rozó el mío. Bajó la vista hacia mis labios, que aún conservaban el calor del beso de la mañana, y sus ojos grises se oscurecieron por completo. —Escúchame bien, Claire —murmuró contra mi oído, —. Si mi promedio baja un solo punto, mi padre desconectará a tu padre antes de que puedas pestañear. No juegues conmigo. Le sostuve la mirada, tragándome el miedo y clavando mis uñas en su mano. “Por cierto… déjame decirte… besas muy bien” insinuó. Tragué saliva mientras se apartaba y salía del salón dejándome completamente helada.