Mundo ficciónIniciar sesiónDi un respingo. Sacudí la cabeza para espantar mis pensamientos, elevé la mirada y me topé con los ojos de Maddox
seguía apoyado contra la barra de madera, observándome con una ceja alzada y esa sonrisa cínica que desbordaba pura soberbia. —No deberías estar escuchando conversaciones ajenas —le espeté, sosteniéndole la mirada mientras limpiaba el mostrador con un paño. —¿Conversaciones ajenas? —Maddox soltó una risa seca, cruzándose de brazos—. Estás sola aquí. A menos que tengas un amigo invisible atrapado en la licuadora, me estabas insultando. Me quedé callada. No tenía energía para su arrogancia. Me giré, vertí el líquido oscuro en el vaso térmico, lo tapé con un golpe seco y lo metí en la bolsa de papel. —Aquí tienes —dije, extendiendo la mano para entregárselo. Maddox estiró el brazo para tomarlo, pero el movimiento se congeló. Un impacto violento resonó en toda la cafetería. La puerta de vidrio se abrió de golpe, chocando contra el tope de la pared Miré por encima de los hombros de Maddox. Mi corazón se detuvo. Era Brian Estaba en el umbral, con el cabello revuelto y la respiración agitada. Sus ojos se fijaron directamente sobre mi. M****a, ese idiota Venía a armar una escena. Maddox también dio la vuelta, y observó a Brian por solo un segundo antes de girarse hacia mí. El pánico me dominó. Si Brian empezaba a gritarme aquí, el gerente me echaría. Perdería el dinero para la clínica de mi padre. Él moriría por mi culpa. Tenía que detenerlo. Tenía que destrozar el ego de Brian antes de que diera un paso más. Miré a Maddox. —Mierda —susurré, clavando mis dedos en el borde de la madera—. Necesito que me beses. Maddox sacudió la cabeza, frunciendo el ceño de inmediato. —¿Qué? —preguntó, como si hubiera escuchado mal. —Por favor, bésame —suplicé, inclinándome hacia él. Él se quedó inmóvil.. No esperé a que contestara. Coloqué el pedido sobre el mostrador, estiré los brazos y le tomé con fuerza las solapas de la camisa deportiva. Lo tiré hacia abajo y golpeé mi rostro contra el de él. Nos besamos. . Mantenía los ojos entreabiertos, desenfocados, mirando la figura de Brian a través de los hombros de Maddox. Brian iba a caminar hacia mí, pero al vernos se detuvo en seco a mitad de la cafetería.. Pude notar perfectamente lo molesto que estaba; la luz de la cafetería marcaba la vena que le palpitaba con violencia en el cuello. Apreté los dientes contra los de Maddox, decidida a continuar con el espectáculo, pero maddox no se quedó como un accesorio. Un gruñido bajo vibró en su pecho y sin previo sviso Sus manos se incrustaron en mi cintura, colándose por debajo de mi delantal con una posesión salvaje que me cortó el aliento. Con un solo movimiento limpio, Maddox me elevó en el aire y me sentó sobre el mostrador de madera, arrastrando los azucareros en el proceso. Se encajó entre mis piernas, eliminando cualquier rastro de distancia. Llevé las manos hacia el cuello de él, enredando mis dedos en su cabello oscuro para apretarlo más contra mis labios. Lo besé con una desesperación real, notando cómo cada uno de mis movimientos enfurecía más a Brian. Maddox me devolvía el beso con una lentitud dominante. Su lengua empujó la mía haciéndome soltar un gemido ahogado. A unos metros, Brian parecía a punto de colapsar de la rabia. Al verse completamente ignorado y superado, lo único que hizo fue darse la vuelta furioso y salir de golpe de la cafetería, En cuanto la puerta se cerró, me aparté del beso bruscamente. Maddox parecía muy concentrado, con los ojos fijos en mis labios y la respiración alterada. Lo miré y de inmediato me di cuenta de lo que había hecho. *M****a. ¿Qué acabo de hacer?* Mis mejillas se enrojecieron al instante. Me deslicé fuera del mostrador a toda prisa, arreglándome el uniforme con manos torpes. Maddox enderezó la postura, recuperando su sonrisa cínica mientras me observaba de arriba abajo. —Vaya —soltó, arrastrando las palabras—. ¿Realmente me querías besar, preciosa? —No, no, no es lo que tú crees —tartamudee, limpiándome la boca con el dorso de la mano—. Es que... m****a. Mi novio... mi exnovio. Acabo de verlo hace una hora follando con mi hermanastra. Y joder, venía hacia acá. Maddox alzó una ceja, dando un paso lento hacia la barra. —Entonces, ¿me usaste para darles celos? —intervino, cruzándose de brazos. Me encogí de hombros, sintiendo el peso de la vergüenza quemándome la piel. —¿Tan mal se ve? —pregunte en un hilo de voz. Maddox lo que hizo fue reírse, Di un paso hacia atrás, tomando el vaso de papel que había quedado olvidada sobre la madera. —Para nada —dijo, guiñándome un ojo—. Supongo que funcionó. El tipo parecía que iba a estallar. Bajé la cabeza, incapaz de sostenerle la mirada libidinosa. Tomé el asa del vaso y se la entregué formalmente. —Aquí está tu pedido —dije con la voz más firme que pude reunir. Él lo que hizo fue reírse de nuevo, tomó el café y salió de la cafetería sin decir nada más, dejándome atrapada en el silencio del local. Me quedé inmóvil detrás del mostrador, tocándome los labios hinchados. *¿Qué m****a acabo de hacer?* El resto del turno se convirtió en una tortura de minutos lentos. A las doce del mediodía, cuando finalmente terminó mi turno, me quité el delantal y me fui directamente al campus. Caminaba a paso apresurado cuando mi teléfono vibró en el bolsillo de mi pantalón . Saqué el aparato. Una nueva notificación del Hospital Central parpadeaba en la pantalla con letras rojas: *«Aviso de desalojo. Plazo de 30 disd para cancelar el saldo pendiente o el paciente Arthur Halang será dado de alta automáticamente»*. Apreté los dientes, guardando el teléfono otra vez de un golpe. No podía perder a mi padre. No ahora. Decidí ir al edificio administrativo de la facultad para buscar al decano; necesitaba solicitar un adelanto de la beca o un fondo de emergencia. Entré al vestíbulo y avancé por el corredor desierto. Me quedé inmóvil cuando, al final del pasillo, observé al hombre que estaba de pie junto a las puertas dobles de la rectoría. . El aire desapareció de mis pulmones. Era el CEO del consorcio médico, el mismísimo dueño del hospital donde estaba mi padre. Lo había visto en los folletos de la clínica mil veces. Vestía un traje gris impecable y hablaba por teléfono con una frialdad que me congeló la sangre. *M****a. Este hombre vino aquí. ¿Será que vino a hablar conmigo?* El pánico me paralizó detrás de una columna. Estaba super asustada y nerviosa, pensando que el dueño del hospital había venido personalmente a la universidad para buscarme, confrontarme por las facturas vencidas y decirme por qué ignoré las notificaciones de desalojo. Me pegué a la pared, intentando volverme invisible. Sin embargo, parpadeé varias veces cuando vi a madddox avanzar por el pasillo lateral, deyenidneodde fjusto s un metro del ceo —Estás perdiendo el tiempo aquí, Maddox —le soltó el hombre, con voz cortante—. Tu única prioridad es el maldito campeonato, no andar vagando por el maldito campus —Papá —soltó Maddox con aburrida, —, ¿qué haces aquí? ¿Viniste a vigilar mis notas o a seguir espiandome? Me tapé la boca para no soltar un jadeo. Maddox era el hijo del hombre que quería sacar a mi padre del hospital!..