El Dilema de Calix
La confesión de Calix resonó en la sala del trono, un eco de lealtad que disipó la tensión. Kaida lo miró, sus ojos llenos de asombro y de una incipiente esperanza. El esposo de Isabel, el príncipe del reino, se había revelado como un aliado. Su corazón dividido, que había sido su tormento, ahora se inclinaba hacia la luz.
—Calix —dijo Kaida, su voz era un susurro—. Tu valor… es admirable. Pero esta traición… ¿te pondrá en peligro?
Calix sonrió, una sonrisa amarga. —Mi Reina,