Nunca olvidaré el sonido del martillo del juez golpeando la madera.
Ese golpe seco resonó en toda la sala del tribunal, marcando un antes y un después en nuestras vidas.
Sentada frente al estrado, sentía las manos frías y el corazón latiendo con fuerza dentro de mi pecho. A mi lado, Mía permanecía firme, con la espalda recta y la mirada decidida. Había pasado semanas enteras preparándose para este momento.
No solo como abogada.
Sino como mi familia.
Como alguien que también amaba a Danae.
En mi