Monserrat
Tocó sutilmente hasta que la voz ronca de mi padre me indica que puedo pasar, abro la puerta y lo primero que hago es dirigirme mirada hacia la silla de presidencia, pero está vacía, por lo visto Alberto se da lujos que ni yo me los daba.
—Buenos días a todos, y mil disculpas señores por llegar tan tarde, pero es que no sabía que me tenían un gran recibimiento y la verdad no pude decir que no.
—Hay mi niña, tu cada día más hermosa y tranquila a ti se te perdona lo que sea, más bien ve