Montserrat
—¡Cinthia! Detente qué diablos piensas que haces —gritó llena de angustia llegando hasta donde se encuentran ellos, pero me paro de inmediato al ver que ella tiene un arma sobre sus manos y amenaza con disparar.
—vaya, pero a quién tenemos aquí a la maldita de Montserrat —dice, y puedo ver que en su mirada hay rabia mucha rabia y en parte también hay dolor, además de que está algo nerviosa Lo sé por la forma en que actúa y como tiembla sus manos.
—Cinthia no les hagas nada por favor,