Andréi me mira con una cara llorosa pero sonriente.
—Ah, esta es una vieja historia que conoces muy bien. También debes saber que soy el mayor idiota cuando me ocupo de asuntos familiares.
—Lo que estoy tratando de decir es esto... Necesito que te quedes a mi lado mientras arreglas lo que ha sido dañado. No puedo hacer esto solo, Camila. ¿Me echarás una mano?
Tal vez sea la primera vez que veo sinceridad en los ojos de Andréi mientras me pide ayuda, y eso de alguna manera me hace sentir mejor.