—Hola. ¿Cómo puedo ayudarles? —pregunta la recepcionista mientras se acerca a nosotros.
¿No puede ver que tenemos problemas con las bolsas?
—Uh, señorita, ¿puede ayudarnos con esta bolsa? Solo atenderé una llamada —dice Natan, entregando las bolsas que sostiene en su mano derecha. Ambos sostenemos bolsas con las dos manos, después de todo. Y con solo imaginar cómo Andréi lo regañaría más tarde cuando no pudiera responder a su llamada, ya puedo ver la cara pálida de Natan.
—Oh. Claro —responde l