—Lo pensaré más tarde. Eres el jefe, así que lo que tú decidas será lo primero —le digo, mientras lo arrastro fuera de la oficina.
Andréi no protesta. Solo me deja liderar el camino, y eso me resulta extraño. Solía ser él quien caminaba adelante, yo siempre atrás. Ahora, todo ha cambiado.
—Natan, saldremos un rato. ¡Hasta luego! —digo, agitando la mano mientras recojo mi bolso. —Ah, me encargaré de este lío cuando regrese. Por favor, paciencia con el desorden, ¿sí?— murmuro, sintiéndome algo av