¡No me llames así!
Quiero gritarle, pero me guardo la rabia.
—¡Vete a la mierda! —Me sale de la boca, pero prefiero no dedicarle otra mirada. Sigo caminando, ignorando sus palabras, mientras me concentro en no escuchar lo que sigue diciendo. Mientras no le preste atención, estaré bien. Estoy segura de que lo haré.
—No finjas que no puedes oírme, Camila. Te lo dije, aún no he terminado de hablar.
¿Y quién le importa? Ya le respondí. ¿Por qué? Porque este hombre no parece entender que ya he tenid