—No, señora. Mi familia no tiene ningún gran negocio ni a nivel local ni en el extranjero. Simplemente tenemos un pedazo de tierra en el campo, y mi madre se encarga de administrar una posada —dije, con calma, sin dejar que mi voz temblara. Sabía que podía agregar más detalles si quisiera, pero vi la expresión amarga que se dibujaba en el rostro de la Sra. Welbourne y decidí que mejor me callaba.
Aquella cara era suficiente para que dejara de hablar. A veces, disfrutaba más observando las expre