Mis pensamientos se detienen abruptamente al notar algo. ¿Acostarme en el regazo de alguien no debería ser tan importante... verdad? Pero es diferente cuando el regazo es de un chico y quien está acostada soy yo. Claro, todo el mundo lo vería raro, ¿no? Mis años estudiando biología no fueron en vano; sé perfectamente qué parte de su cuerpo está debajo de mi cabeza.
—¡Lo siento! —me incorporo de golpe, retrocediendo como si su contacto me hubiera quemado. Balbuceo torpemente—. ¿Q-quién eres tú?