Jessica
Me besó con tanta dulzura que se me llenaron los ojos de lágrimas.
―¿Qué pasó, preciosa? ―me preguntó al ver mis ojos inundados.
―Nada, solo estoy feliz.
―¿De verdad? ¿Es felicidad?
―Sí, ¿qué más podría ser?
Me tomó de la mano y se sentó conmigo en el sillón.
―No quieres dejarme, ¿verdad, Jessica?
―No, no quiero dejarte, yo sé que estaba rara y que… No, no quiero que te vayas de mi vida.
―Yo pensé que ya no querías seguir conmigo. Esta mañana, cuando te encerraste en el baño y me rechaz