Al día siguiente nos despertamos temprano. El olorcito del café que mi madre preparaba en la cocina invadía todas las habitaciones de la casa. Pedrito estaba eufórico y mi padre lo tomó y lo llevó hasta el pequeño corral para ordeñar la vaca. Cuando regresaron mi hijo tenía un bigotito de leche y una tacita esmaltada azul en la mano.
Nos sentamos y tomamos el café escuchando a los pajaritos cantar. La casa era muy confortable y grande. Tenía ventanas enormes y el aire fresco de la mañana entrab