El viernes, Melissa, Pedro y yo tomamos un vuelo a Campanario. Cuando llegamos, el chofer de la familia de Melissa ya nos esperaba y me llevó hasta la finca de mis padres, ellos nos estaban esperando. Me despedí de mi amiga y acordamos que al día siguiente ella vendría a vernos.
— ¡Hija! —Mi madre vino corriendo a abrazarme y ya estaba llorando.
— ¡Mamá, me estaba muriendo de nostalgia!
— ¿Y el bebé de la abuela? Ven acá, mi precioso. —Mi madre tomó a Pedro de mis brazos y aproveché para abra