Cuando miré alrededor, la sala estaba casi vacía, solo Alessandro seguía sentado en el mismo lugar. Estaba sola con él otra vez.
Fui hasta donde estaba sentada para recoger mis cosas y cuando me acerqué Alessandro me jaló a su regazo, me abrazó y suspirando en mi oído dijo:
—No te imaginas cuánto te extraño.
—Alessandro, por favor, no me hagas esto —le supliqué.
—Por favor, Catarina, no nos hagas esto —me respondió y me besó.
Invadió mi boca con su lengua, en un beso dulce, lento y tortuoso