CAPÍTULO 8. De un contrato a condiciones de supervivencia
CAPÍTULO 8. De un contrato a condiciones de supervivencia
Cuando Maggie abrió los ojos, no supo si seguía viva o si se había reencarnado en alguna comedia absurda. Lo primero que vio fue el techo blanco del despacho. Lo segundo, la cara de Jackson. Esa cara, con una expresión tan tensa que parecía que se había tragado un palo de cricket.
—¡Diablos, no fue una pesadilla! —murmuró ella, con la voz ronca.
—La realidad es mucho peor, así que déjame repetírtelo sin anestesia: Tenemos que casarnos.
M