CAPÍTULO 37. El fin de una pesadilla
—*—JOANNE—*—
—No es mucho, pero tiene una camita para dormir. Puedes quedarte y te aseguro que nadie te buscará aquí.
Las palabras de Betty ofreciéndome la diminuta habitación sobre su estética me dan un poco de esperanza. Ahora sé que se llama así, la chica que pintó mi cabello con tanta dedicación como si fuera el suyo.
—Solo serán un par de semanas, te lo prometo —murmuro agradecida—. Y te juro que no te voy a molestar, ni siquiera notarás que estoy ahí.
—Al contrario, quiero notarte —sonríe