21. REGRESAMOS A LA CIUDAD
Raquel Martínez.
— Hola.
Lo saludo, dándome cuenta de los notorios golpes que le adornan el rostro, son tres que están tornándose en tonos más oscuros que resaltan por su pálida piel. Uno que le tiene hinchado el ojo izquierdo, otro en su pómulo derecho y el último no tan llamativo en el labio. Sin contar su ceja rota.
— Demonios, Zack —murmuro apenas lo veo.
— Esto no es nada —se apresura a decir—. En unos cuantos días desaparecerán.
— ¿Te duelen mucho? —una pregunta estúpida, porque de solo v