Damon
—Los dos están en la mira, señor Davenport —me informa mi empleado—. Cuando usted ordene, entonces podremos atacar.
—Debemos esperar un poco más —sonrío—. Tienen que pensar que se han salido con la suya, al menos de momento.
—Entendido.
Al colgar, suelto un suspiro de satisfacción. A pesar de mi rabia, me emociona pensar en lo mucho que voy a disfrutar cuando los tenga a mi merced para hacerles pagar, en especial a Morris.
Los dos van a conocer lo que es la depravación en su máximo esplendor. Tal vez ya no vivan para aprender la lección, pero no se irán sin sentir lo que le han hecho a muchas otras mujeres.
—Menos mal que no fue a mi mujer ni a su amiga —susurro—, pero pagarán como si así hubiera sido.
Me dispongo a volver a revisar la comida que le estoy preparando a mi Constanza cuando tocan a la puerta. Me lavo las manos rápidamente y voy a abrir, a pesar de saber que no es ella, que apenas viene en camino con mi tío.
—¡Hijo! —exclama mamá, echándome los brazos al cuello—. Al