Constanza
Damon me lleva a un pasillo estrecho que conduce a los baños. Por más que intento resistirme, no puedo impedir que me bese con tanta pasión que me nace el deseo espantoso de olvidarlo todo.
—Te amo, pequeña —me susurra, bajando a mi cuello.
—Y yo a ti —gimo, echando la cabeza hacia atrás—. Te extraño, te extraño tanto.
—Y yo a ti —murmura con voz temblorosa—. Constanza, deja de pelear contra lo que sientes.
—No puedo —sollozo—. No puedo elegirte sin destruirnos. Cillian es…
—No tienes