Constanza
—Sí, claro, pasa —le respondo, observándola desconcertada.
Pero comprendo enseguida sus verdaderas intenciones al venir. Por la forma en que recorre la habitación con la mirada, sé que no lo hace por cortesía, sino para medir el terreno.
Quizá ya notó que, en unas cuantas horas, he provocado más en su marido que ella en toda una vida.
—¿Sucede algo, señora Davenport? —pregunto con tranquilidad, dándole mi mejor sonrisa.
Olive se gira para mirarme y me sonríe.
—Aunque a mi marido le enc