Capítulo 31. Armando la mentira.
Sala principal de la mansión Ávalos
La luz del domingo entraba por los ventanales de doble altura, bañando la sala principal de la mansión con una claridad dorada que hacía que el polvo en suspensión pareciera polvo de hadas.
Era una mañana perfecta, tranquila, de esas que invitan a café lento y periódicos en el jardín. Pero para Camila Ávalos, era el día D.
—Pon esa en el piano —ordenó, señalando con un dedo tembloroso la superficie de laca negra del Steinway que nadie tocaba—. Y la del marco