Manuela
Me desperté con el olor a café y una caricia en el pelo. Flávio estaba sentado al borde de la cama, acariciándome el cabello con cariño. Abrí los ojos y vi una leve sonrisa en sus labios.
—¡Buenos días, sol! —oí su voz grave y profunda, que despertó recuerdos de la noche anterior, de cuando me decía cuánto me amaba mientras me hacía suya lentamente.
—¡Buenos días, rayo de sol! —le sonreí con pereza. Se inclinó y me besó, luego me dio la taza de café.
—¿Cómo te sientes hoy? —preguntó con